Dieta cetogénica, colesterol y riesgo real: reflexión médica sobre el estudio KETO-CTA

Dieta cetogénica
Un análisis crítico sobre el estudio KETO-CTA y su impacto en quienes siguen dieta cetogénica con perfil LMHR. ¿Puede el colesterol alto ser un riesgo incluso con buena salud metabólica? En este artículo, te explico por qué no basta con tener buenos análisis para sentirse a salvo, y qué señales deberíamos empezar a tomar en serio.

Durante los últimos años, la dieta cetogénica —también conocida como dieta KETO— ha ganado popularidad tanto en el ámbito clínico como entre el público general. Su principio básico es sencillo: reducir drásticamente los carbohidratos para que el cuerpo entre en un estado metabólico llamado cetosis, en el que se utilizan las grasas como principal fuente de energía. Este enfoque puede ofrecer beneficios significativos en ciertas condiciones metabólicas, como la resistencia a la insulina, la obesidad o incluso algunas enfermedades neurológicas.

Sin embargo, su aplicación no está exenta de matices. Y uno de los puntos que más debate genera es su impacto sobre los lípidos sanguíneos, especialmente cuando se observa una elevación significativa del colesterol LDL y de la ApoB en personas que, curiosamente, mantienen un perfil metabólico aparentemente perfecto.

Hoy quiero hablarte de un estudio que ha generado mucha atención —y polémica—, sobre todo en redes sociales: el KETO-CTA Trial. Un trabajo que, pese a sus limitaciones, lanza una señal de alerta que conviene entender sin filtros, sin sesgos y con un mínimo de distancia crítica.

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    Un estudio que ha dado mucho que hablar: el KETO-CTA Trial

    Hace poco se publicó un artículo que ha generado un gran revuelo, especialmente entre quienes defienden con firmeza la dieta cetogénica. El título original es: “Plaque Begets Plaque, ApoB Does Not: Longitudinal Data From the KETO-CTA Trial”. Aunque su nombre suena técnico, lo que revela este estudio es, en realidad, muy relevante para todos los que trabajamos en salud cardiovascular… y para quienes siguen una dieta KETO con un perfil lipídico alterado.

    Título del estudio KETO-CTA

    ¿De qué trata este estudio?

    Este ensayo clínico se diseñó para evaluar la progresión de la placa coronaria en un grupo muy particular: personas delgadas, metabólicamente sanas que, al comenzar una dieta cetogénica, desarrollan un perfil lipídico muy específico. Me refiero a los conocidos como LMHRs (Lean Mass Hyper-Responders).

    Este grupo se caracteriza por:

    • Tener un LDL colesterol y ApoB muy elevados tras adoptar una dieta cetogénica.

    • Mantener triglicéridos bajos, HDL alto, glucosa normal, sin hipertensión, ni resistencia a la insulina ni inflamación sistémica.

    Es decir, todo en orden… salvo por esas cifras llamativas de colesterol.

    Durante años, ha existido la idea —incluso compartida por mí en algunos momentos— de que no todas las elevaciones de LDL deben interpretarse como patológicas, y que en algunos contextos podrían ser inocuas o incluso irrelevantes. Pero como suelo decir en consulta: lo importante no es lo que creemos, sino lo que la evidencia nos muestra.

    ¿Cuál era el objetivo real del estudio?

    El propósito original del KETO-CTA Trial era claro: observar si en personas con el perfil LMHR se producía o no progresión de placa aterosclerótica no calcificada (NCPV) a lo largo de un año.

    ¿Por qué importa esto?

    Porque las placas blandas no calcificadas son mucho más propensas a romperse, causando infartos o ictus. Por eso, su evaluación mediante una técnica como el angiotac coronario (CCTA) resulta clave para detectar riesgo cardiovascular real, más allá de lo que los análisis de sangre puedan sugerir.

    En el diseño del estudio se incluía realizar un angiotac al inicio y otro al año, y se exigían criterios muy estrictos para poder participar:

    Requisitos para el estudio
    • Dieta cetogénica durante al menos 2 años.

    • LDL-C ≥190 mg/dL (sin haberlo tenido tan alto antes de la dieta).

    • HDL ≥60 mg/dL, triglicéridos ≤80 mg/dL, HbA1c <6%.

    • Sin enfermedades asociadas ni medicación que alterara los lípidos.

    En resumen: el contexto metabólico ideal… salvo por ese colesterol disparado.

    ¿Qué encontraron realmente?

    Uno de los aspectos más comentados del estudio fue la forma en que se presentaron los resultados. Aunque en el artículo se afirma que la mayoría de los participantes mantuvieron estable su volumen de placa no calcificada (NCPV), los datos contaban otra historia.

    Progresión de placa no calcificada (NCPV)

    Lo que realmente mostró el estudio fue que la mediana de aumento en el volumen de placa no calcificada fue de 18,8 mm³ en solo un año. Para ponerlo en contexto: los investigadores esperaban un aumento de apenas 7 mm³. Es decir, la progresión fue más del doble de lo anticipado.

    Este incremento es comparable o incluso superior al que se observa en personas con síndrome metabólico, pero lo preocupante es que en esos otros estudios, esa progresión ocurre en un período de tres años, no en uno solo.

    Relación con LDL-C y ApoB

    Otro de los hallazgos llamativos es que no hubo una correlación directa entre los niveles de LDL-C o ApoB y la progresión de la placa. Es decir, tener el LDL alto no implicaba necesariamente más formación de placa… pero con una salvedad importante.

    Las personas que ya presentaban placa al inicio del estudio fueron las que más progresaron. De ahí el nombre del artículo: “Plaque begets plaque”, es decir, la presencia de placa previa parece ser el mejor predictor de más placa.

    Este dato es crucial porque pone en duda la narrativa de que un perfil metabólicamente saludable compensa cualquier posible efecto del LDL elevado. Si ya hay placa, incluso mínima, la progresión puede acelerarse, aunque todo lo demás esté “bien”.

    Los problemas metodológicos que no se pueden ignorar

    Aunque el estudio ha sido ampliamente difundido y citado por defensores de la dieta cetogénica, lo cierto es que presenta varios elementos que merecen una lectura crítica. Especialmente si hablamos de cómo se gestionó su objetivo principal.

    Un cambio de enfoque que genera dudas

    El protocolo original del estudio, registrado públicamente, especificaba que el objetivo primario era medir el cambio en el volumen de placa no calcificada (NCPV). Sin embargo, en el artículo publicado, este objetivo fue reformulado. Los autores centraron su discurso en los predictores de progresión de placa, dejando en segundo plano el análisis del NCPV como medida principal.

    Este tipo de modificación es una señal de alerta en investigación clínica, ya que puede reflejar un intento de reorientar los resultados para que encajen mejor con una narrativa deseada. Y cuando hablamos de ciencia y salud, no hay nada más peligroso que el sesgo disfrazado de evidencia.

    Sin grupo control: una gran debilidad

    Originalmente, el estudio tenía la intención de comparar a los LMHRs con un grupo control de personas con LDL más bajo, pero de perfil metabólico similar. Esa comparación nunca se concretó, probablemente por falta de financiación, pero su ausencia limita muchísimo la capacidad de interpretar los resultados.

    Sin grupo control, no podemos saber si la progresión observada fue realmente anómala o simplemente parte del envejecimiento vascular normal en esa población.

    Dificultades para reclutar participantes

    Otro detalle llamativo es que reunir a las 100 personas necesarias para el estudio llevó varios años. Esto sugiere que, en realidad, muy pocos autodenominados LMHRs cumplen con los estrictos criterios de salud metabólica exigidos para participar.

    Y eso también es un dato en sí mismo: quizá este fenotipo no sea tan frecuente… o tan saludable como algunos promueven en redes sociales.

    Reflexión clínica: ¿qué nos llevamos como médicos y pacientes?

    Este estudio no prueba causalidad, es cierto. Pero sí deja una señal de alerta difícil de ignorar: incluso en personas delgadas, sin resistencia a la insulina ni inflamación, con una dieta cetogénica estricta y buenos marcadores metabólicos, el colesterol LDL muy elevado podría favorecer la progresión de aterosclerosis.

    Y esa progresión, cuando se da en forma de placa no calcificada, es clínicamente muy relevante.

    Gráficas de estudio

    Mi opinión personal

    Este campo está en constante evolución. Y aunque he compartido la hipótesis de que el LDL elevado no siempre implica riesgo, también creo que es esencial mantener la mente abierta, revisar la evidencia nueva con espíritu crítico y evitar caer en sesgos de confirmación, incluso cuando esa evidencia desafía lo que pensábamos.

    Los autores del KETO-CTA Trial han aportado mucho a nuestro conocimiento sobre lípidos. Pero en este caso, su intento de suavizar los hallazgos puede haber jugado en contra de su propia credibilidad. Hubiese sido preferible presentar los resultados tal y como son, sin intentar encajarlos a la fuerza en una narrativa favorable.

    La dieta cetogénica sigue siendo útil… pero con matices

    Sigo considerando la dieta cetogénica como una herramienta terapéutica valiosa, que puede ser muy útil en el tratamiento de múltiples enfermedades metabólicas. Pero eso no la convierte en una solución universal ni en una fórmula mágica sin riesgos.

    Cuando una persona presenta elevaciones importantes de LDL y ApoB bajo cetosis, no deberíamos asumir que está fuera de peligro solo porque los demás parámetros sean favorables. Al contrario: este puede ser el momento perfecto para hacer un estudio de imagen cardiovascular y realmente evaluar el riesgo, más allá de las cifras en un análisis.

    ¿Tienes este perfil? Tal vez sea el momento de una revisión

    Si sigues una dieta cetogénica y has notado un aumento importante del colesterol LDL o de la ApoB, especialmente si estás dentro del perfil LMHR, quizás convenga hacer una evaluación más a fondo.

    Una TAC coronaria o un angioTAC pueden ofrecernos una imagen clara del estado de tus arterias, y ayudarnos a decidir juntos si estás realmente en una zona segura… o si conviene hacer algunos ajustes.

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